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lunes, 10 de agosto de 2015

EMPATÍA

       

             La empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. Consiste en la participación emotiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona.
Cuando se habla de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro. Es una capacidad o destreza que se desarrolla paulatinamente a lo largo de la vida, y que mejora cuanto mayor es el contacto que se tiene con la persona que uno empatiza.
       Dicho esto, parece muy fácil empatizar con los demás, de hecho pensamos que habitualmente lo hacemos y que por consiguiente somos muy capaces de ponernos en el lugar del otro. Pero la realidad es bien distinta, si utilizáramos más veces la empatía, no discutiríamos tanto. Lo hacemos, porque no escuchamos al que está enfrente y esta es la base de todo.
       Quiero poner varios ejemplos para  que seamos conscientes de lo poco empáticos que somos y de qué manera se puede hacer un esfuerzo para cambiarlo.

       1º– Exigimos el sueldo a fin de mes, porque trabajamos para eso y además es nuestro derecho.
 Hasta ahí todo bien, pero cuando nos toca trabajar en la parte administrativa y nos convertimos en pagadores, no vemos tan importante que los demás cobren el día exacto.
En la empresa donde trabajo como actriz me liquidan del 1 al 5 de cada mes. Normalmente lo suelen hacer con retraso, pero además el mes pasado recibimos un email muy cariñoso de la encargada de administración, en el que decía amablemente y con gracia, que este mes cobraríamos a partir del día 15, porque ella se iba de vacaciones (que se las había ganado de tanto trabajar y con estos calores…), y claro que hasta que no volviera no podía dar la orden de las transferencias.
Esa persona no era consciente que si no pagaba las nóminas antes de irse, esas otras personas que dependían de ella, no podrían irse también de vacaciones. Si embargo ella habría puesto el grito en el cielo si no le hubieran pagado a tiempo.
2º– No iríamos a trabajar ni un solo día si no recibiéramos un salario.
Pero cuando se trata de un autónomo, entendemos que le gusta lo que hace y pretendemos que nos lo haga de gratis. Como por ejemplo: el informático que vive en el piso de abajo y le pedimos que nos arregle el ordenador, el artista que conocemos y pretendemos que nos amenice nuestras fiestas, el mecánico amigo que le invitamos a comer para que nos mire el motor del coche. En definitiva, no entendemos que toda esa gente también tiene su trabajo y que si no cobra, tampoco podrá pagar sus facturas.
3º– Tenemos derecho a Seguridad Social, pagas extras, vacaciones, días libres, etc.
Sin embargo cuando somos nosotros los que contratamos, bien sea para la limpieza de nuestra casa o para que cuiden a nuestros mayores, intentamos pagar lo mínimo posible, no les damos de alta en la seguridad social y no nos parece que nuestros contratados necesiten vacaciones pagadas, porque no les vamos a pagar por no venir a trabajar.
4º– Exigimos nuestro derecho a tener un tiempo a media mañana para un respiro y/o comer algo.
Dependiendo del tipo de trabajo que tengamos, tanto si es público como privado, ese tiempo para desayunar, fumar, etc. cada día se puede alargar un poquito más, incluso a veces llega a convertirse en una hora diaria. A eso podemos añadirle unos minutos que llegamos tarde cada mañana, y que poco a poco puede ser hasta media hora de retraso, más otros veinte o veinticinco minutos a la hora de la salida, en la que ya vamos recogiendo nuestras tareas antes de que suene la campana, sumado al tiempo que perdemos hablando con los compañeros sobre nuestro último fin de semana o por teléfono con familiares y amigos.
Sin embargo cuando nosotros tenemos en casa una asistenta o similar a la que pagamos por horas, no le damos una hora para descansar ni permitimos que llegue tarde o se vaya antes, porque eso repercute directamente en nuestro bolsillo y ahí es donde vemos claramente que el tiempo es dinero.
5º– Nos descargamos ilegalmente música, libros, cine, etc.
No pensamos que estemos robando, porque es algo muy sencillo que está al alcance de cualquiera y desde la sociedad no se molestan en emitir mensajes claros de que estés haciendo algo malo.
Si embargo si entras en una librería y te llevas un libro sin pagar, te sientes mal no por el autor, sino por el librero que con ese sí que empatizas porque piensas que se lo pueden quitar de sus sueldo y como le ves cumpliendo un horario, pues está más cerca de tu realidad que el propio autor de la obra que estás robando.
6º– Cuando vamos en el metro y vemos un artista actuando en los vagones, lo interpretamos como un indigente.
Al darle tan poco valor al arte en general, hemos normalizado que los artistas sean mendigos a expensas de que nosotros les demos una limosna.
Si entendiéramos el arte como lo único que perdura de cada civilización, probablemente podríamos comprender que un artista empieza a cobrar cuando su obra se difunde, que ese es su sueldo y que si no percibe un salario, difícilmente podrá pagar sus facturas y por consiguiente no podrá vivir de su trabajo. Le condenaremos a cambiar de oficio, hasta que entre todos veamos el arte como algo amateur de lo que no se puede vivir, hasta que finalmente desaparezca.
Cuando intelectualmente nos demos cuenta que nosotros somos los que tenemos que mantener lo que nos gusta porque si no desaparecerá, ese día cambiaremos las descargas ilegales por el Crowdfunding de tal manera que si todos nos convertimos en productores y pagamos por anticipado, no solamente ayudaremos a que siga existiendo el arte, sino que evitaremos que otros roben el trabajo de los demás porque a la vez nos estarán quitando parte de nuestros beneficios.
Una cuñada me enviaba todos los meses un mail con una serie de archivos adjuntos de los últimos libros publicados, para que me los descargara gratuitamente en mi Ebook.  El correo lo mandaba de una manera masiva a cientos de amigas, dando lugar a que no solamente ella cometiera esa ilegalidad, sino que fomentaba el que otras personas también lo hicieran.
Cuando se lo afeé haciéndole ver que si ella era lectora de alguna escritora concreta, si no pagaba su trabajo, no lo estaba valorando en su justa medida y que de esta manera lo que conseguía era el efecto contrario, justamente que desaparecieran los artistas que más le gustaban. Mi cuñada me contestó que si me parecía tan mal, que yo no lo descargara pero que ella y sus amigas harían lo que les viniera en gana. En ese momento pensé que la palabra empatía no se encontraba en su vocabulario, pero días más tarde en una reunión con la familia, la oí alardear de su capacidad solidaria para con los que tienes menos.
7º– Pensamos que siempre cobramos poco y que nos merecemos mucho más.
Cuando alguien te dice a la cara que cobra una mierda con todas las letras, y que para lo que cobra, el jefe no tiene derecho a pedirle que haga más trabajo y que por eso se escaquea continuamente; yo siempre le pregunto: ¿Cuánto cobras, si no es indiscreción? Y me contestan: 1000€, 1200€, 1400€. Me han llegado a decir: “Una mierda, 1600€”. Entonces es cuando les digo: “¿Tú sabes lo que yo tengo que hacer para sacarme 1000€ al mes? Cada mañana cuando me levanto me pregunto: ¿cómo pagaré las facturas esta vez? Y trabajo de lunes a domingo hasta la noche.
Está claro que las personas que no arriesgan ni su dinero ni su tiempo, y saben que todos los finales de mes, pase lo que pase van a tener la nómina ingresada en el banco, no son capaces de empatizar con el resto de la gente que por el contrario tienen que buscar cada día el jornal por si mismos.
Un ejemplo: Mi hermana tiene una Pyme donde trabaja con una empleada solamente. Lleva diez años la chavala en la empresa, en la que entró de becaria cobrando 700€. Cada vez fue teniendo más responsabilidad y sueldo, hasta el día de hoy que ya cobra 1600€ y maneja toda la empresa. Un buen día esta chica, pidió una baja por depresión y estuvo 7 meses recibiendo el sueldo íntegro de la empresa y de la Seguridad Social. Cuando le dieron el alta, en lugar de incorporarse a su puesto de trabajo, fue a un evento de networking anunciando que abría su propia empresa, llevándose consigo a proveedores y clientes de la agencia de mi hermana.
Esta claro que a esta mujer nunca se le  pasó por la cabeza la palabra empatía porque si no, jamás se hubiera sentido bien cobrando un sueldo –que siempre le pareció pequeño– mientras robaba a la misma empresa que la pagaba, sabiendo que se trataba de una persona sola que intentaba sacar su Pyme adelante con todo el sacrificio del mundo en tiempos de crisis.
Tampoco pensó que estaba estafando al estado, y por ende a todos los ciudadanos que ingresan parte de su sueldo en impuestos, para que la Tesorería de la Seguridad Social y la Oficina de Empleo puedan pagar a gente como ella.
Sin embargo diariamente escucho a todo el mundo quejarse de la corrupción en la política, sin darse cuenta que en nuestra medida todos somos corruptos y estafamos a los otros ciudadanos que están más concienciados y no se aprovechan del resto.

El verdadero problema es que no somos conscientes de que carecemos de empatía, y deberíamos empezar a trabajárnoslo.


¿Crees que la corrupción es un reflejo de nuestra cotidianidad?

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